lunes, 28 de julio de 2014

Honey Bee, inventores anónimos






Anil Gupta es un profesor indio que lleva buena parte de su vida investigando y profundizando sobre el conocimiento que son capaces de desarrollar personas pobres y anónimas en países pobres.

Se le conoce como “cazador” de inventores anónimos, emprendedores autóctonos cuyo ingenio, oculto tras la pobreza, logra cambiar la vida de muchas personas con un poco de ayuda.

“No creais que sólo después de satisfacer lasnecesidades fisiológicas las personas pueden pensar en las necesidades espirtuales y losconocimientos ilustrados. Grandes pensadores en la historia han sido pobres”.

A través de la Red Abeja (HoneyBee), un buen número de voluntarios ayuda a que estos inventores pobres establezcan las conexiones que necesitan para desarrollar sus proyectos y a lograr el reconocimiento que merecen.

Os dejamos una de sus intervenciones en las conferencias TED, que es muy ilustrativa de lo que pretende el proyecto HoneyBee.

(Una vez iniciado el vídeo recuerda que puedes seleccionar la opción de subtítulos en español).


La Red Abeja es una de las organizaciones más increíbles en el planeta, y si usted nunca ha escuchado hablar de ella, tendría que haberlo hecho.

Todo comenzó hace 15 años, de la mano del profesor Anil Gupta, del Instituto de Administración de India, en la provincia de Gujarat.

Él se especializa en iniciativas empresariales, pero sobre todo en iniciativas a nivel comunitario.

Gupta comenzó a pensar en la cantidad de ideas de otras personas que estaba utilizando en su investigación sobre desarrollo sostenible y recursos renovables.

A su cabeza vino la metáfora de la abeja, que, al recolectar el polen, no se limita a sacar lo que necesita de las flores, sino que las beneficia y ayuda a reproducirse por medio de la polinización.

El profesor se dio cuenta de que el campo en India estaba lleno de gente ingeniosa que no contaba con la educación o las conexiones para difundir sus ideas.

Así, decidió capturar miles de ideas y prácticas tradicionales en una página de internet.

Gupta también se dedicó a producir los inventos más ingeniosos para que los creadores recibieran algún beneficio por una idea que, hasta ahora, sólo ayudaba a amigos y familiares.




Ideas simples



Uno de los inventos alivia la carga de las mujeres en los pozos.


Pasé el mejor día de mi vida con los participantes de la red en un salón oscuro en el Instituto.

La mayoría de los conocimientos recopilados por la red tienen que ver con agricultura, biodiversidad y desarrollo sostenible.

Uno de los inventores creó una carreta que se puede inclinar gradualmente para distribuir el abono por el campo utilizando un tractor.

Otro me contó que desarrolló un pestillo para la soga del pozo de agua de su pueblo, para que las mujeres pudieran reposar el balde en la mitad del camino y descansar, en lugar de tener que levantarlo en un solo movimiento.

Pero la historia que más me conmovió fue la del inventor Kimjibhai Kanadia, quien ideó una solución para las mujeres que trabajaban llenando bolsas de plástico con tierra.

Kanadia cortó la punta de un embudo plástico, lo metió en la boca de la bolsa y, en cuestión de cinco segundos, llenó la bolsa.

Las mujeres lloraron cuando vieron la idea en práctica por primera vez y le dijeron: "tendrías que haberlo inventado hace 20 años".




Derechos



La mayoría de inventos tiene que ver con la agricultura.


Pero para la Red Abeja, lo más importante es la propiedad intelectual.

Todas las ideas están protegidas legalmente, pues el profesor Gupta cree que los pobres se deben beneficiar de la misma manera que los ricos de toda la legislación de licencias y patentes.

La página de internet está poblada de héroes locales con ideas que van desde las predicciones del estado del tiempo hasta la producción de "seda no violenta" en la que no se mata al gusano antes de que salga de su capullo, sino que se le deja salir naturalmente.



Junto con los micro créditos, la computación barata, y la gran revolución de la telefonía celular en África e India, la Red Abeja podría ser una herramienta de progreso para los más pobres, ayudándolos a formar pequeñas empresas desde la comunidad.

viernes, 18 de julio de 2014

Soccket: el balón que da energía en Brasil



Un invento que utiliza el deporte para ayudar a personas que no tienen electricidad en las favelas de Brasil.








Un revolucionario invento podría cambiar la realidad y la forma de vida de millones de personas en el mundo: el Soccket.

 Jessica Lin, Julia Silverman, Jessica Matthews, Hemali Thakkar y Aviva Presser son cinco graduadas de la Universidad de Harvard que en 2010 idearon una forma de mejorarle la vida a quienes no cuentan con energía eléctrica (casi una quinta parte del mundo).

“Imagina un mundo en el que, cuando se pone el sol, quedas imposibilitado de ver algo. Esa es la realidad de 1,3 mil millones de personas, y una realidad que nos propusimos resolver, declaró Jessica Matthews, cofundadora de Uncharted Play, empresa creada por las ingenieras.


Su invento, llamado Soccket es una balón de fútbol que al ser pateado por 30 minutos (lo que dura una pichanguita) puede generar suficiente energía para mantener encendida una bombilla.

Aunque muchos profesores universitarios no creyeron en su idea, las cinco jóvenes decidieron mantener su sueño en pie y demostrar que la energía eléctrica era posible gracias a la energía física.

miércoles, 16 de julio de 2014

LA TRAGEDIA ELECTRÓNICA





Uno de los mayores retos que afectan a la Tierra, vinculados con la tecnología, es la basura tecnológica y su recuperación. La e-waste, basura tecnológica o chatarra electrónica, se caracteriza por su rápido crecimiento debido a la rápida obsolescencia que están adquiriendo los dispositivos electrónicos y por la mayor demanda de estos en todo el mundo. La ONU calcula que se producen en torno 50 millones de toneladas de esta clase de residuos al año. La emisión en enero de 2011 de Comprar, tirar, comprar puso sobre la mesa el concepto 'obsolescencia programada', popularizando un término que, en la práctica, la mayoría de los consumidores había sufrido en primera persona. El que más y el que menos, ya había comprobado que los productos tecnológicos tenían una vida limitada, pero, además, el documental dirigido por Cosima Dannoritzer nos abría los ojos a las graves consecuencias ambientales de este constante usar y tirar: estábamos convirtiendo a países como Ghana en el basurero electrónico del primer mundo. Un negocio tóxico a escala global Documentos TV estrenó el pasado domingo 1 de junio La tragedia electrónica, un documental coproducido por TVE con el que Dannoritzer trata de cerrar el círculo iniciado con el galardonado Comprar, tirar, comprar, centrando esta vez su investigación en los residuos electrónicos que generamos, su reciclaje ilegal y su tráfico desde Europa y EE.UU hasta vertederos de Ghana y China.

martes, 1 de julio de 2014

Estudiantes africanos construyen el robot más barato del mundo

El año pasado, en Nairobi, un grupo de estudiantes de entre siete y 18 años se pusieron a construir un robot. Lo hicieron usando material reciclado, el chasis era un ratón de ordenador, los motores sacados de un DVD viejo… El coste del aparato era de unos cinco euros. El objetivo de este proyecto, Panyabot, es educar a una nueva generación de inventores críticos, capaces de adaptar la tecnología a sus necesidades independientemente de su extracto social. Este proyecto educativo fue uno de los ganadores del certamen bianual que organiza la Red de Robótica Africana (AFRON). En él participan desde prestigiosas instituciones de países desarrollados como el MIT o Harvard hasta inventores con pocos recursos en países como Nigeria. El objetivo final es crear el robot más barato del mundo, uno que pueda construirse fácilmente en cualquier sitio y que reclute mentes jóvenes para la ciencia, la tecnología, la ingeniería o las matemáticas.



Una niña juega con un Lollybot.


“En África la robótica tiene multitud de aplicaciones, desde los buscadores de minas a los drones para vigilar tendido eléctrico u otras instalaciones pero, de todas ellas, la que más potencial tiene es la educación”, explica desde California Ken Goldberg. Este profesor de nuevos medios en la Universidad de California en Berkeley y especialista en áreas como la inteligencia artificial viajó a Ghana en 2012 y quedó sorprendido por el interés de muchos jóvenes en desarrollar su propia tecnología usando componentes reciclados.

“En África hay un montón de expertos en reutilizar material, muchos jóvenes saben cómo destripar dos ordenadores y montarse el suyo su propio y eso es algo que la mayoría de doctorados en los países desarrollados no tiene”, explica Goldberg.

Así fue como surgió la idea de crear AFRON junto a su colega Ayorkor Korsah, profesora de informática en la Universidad Ashesi, en Acra. Lo primero que hicieron fue organizar el proyecto de robot educativo ultra-asequible, un concurso para que ingenieros de todo el mundo compitiesen por crear un robot fácil de montar que costase 10 veces menos que sus homólogos en el mundo desarrollado. Así es como surgieron ingenios como Panyabot o como Lollybot, que es, según Goldberg, el ejemplo más innovador de cómo crear un robot asequible que pueda usarse para enseñar ciencias en casi cualquier rincón del mundo.

El Lollybot es un mando DualShock como el que usan las consolas PlayStation reconvertido en un mini-explorador robótico. Los propios motores del mando mueven las ruedas hechas con tapones de botellas. En la parte superior, incrustado en los mandos, hay dos ChupaChups. Cuando el robot se topa con un obstáculo, los caramelos basculan, accionan los mandos en sentido contrario y hacen retroceder vehículo. El robot, cuyas piezas cuestan menos de siete euros, fue diseñado por Tom Tilley, profesor en la Universidad de Payap, en Tailandia y fue el ganador de la primera edición del concurso de AFRON. Ese mismo año, L.I.O.S., un robot hecho de cartón y que puede guiarse usando una linterna diseñado en España, recibió una mención especial.

Los estudiantes pueden encontrar en internet toda la información necesaria para encontrar los componentes, montar los robots, soldar sus chips y ponerlos en funcionamiento. Países como Kenia, Ghana o EEUU ya han sido reconocidos por la asociación por usar los robots en proyectos educativos con estudiantes de instituto.

“Estamos muy sorprendidos de la respuesta que hemos tenido hasta ahora”, dice Goldberg. En la actualidad AFRON tiene 400 miembros y su concurso está financiado por la Sociedad de Robótica y Automática IEEE, con sede en EEUU.

El próximo paso puede ser crear un producto educativo con la ayuda de alguna empresa. “Queremos vender kits con todas las piezas necesarias para construir el robot a precios realmente asequibles”, explica Goldberg. La idea es usar material reciclado, por ejemplo los excedentes de producción de modelos antiguos de mandos DualShock. Goldberg asegura que ya hay un fabricante chino de estos aparatos interesado en darle esta salida a sus excedentes.

Goldberg dice que estos kits podrían fabricarse en África, por ejemplo, y distribuirse a todo el mundo, no solo a países en desarrollo, sino también en sitios como EEUU o España, donde también hay una necesidad de potenciar el interés por las ciencias y la ingeniería. “El potencial es enorme, China, India, Rusia… en muchos sitios hay chavales a los que le interesan este tipo de cosas y que no tienen dinero suficiente como para llevarlas a cabo”, concluye Goldberg.

Tecnología de bajo coste de países empobrecidos


En los últimos años ha explotado en el mundo en desarrollo un modelo de innovación que trata de dar solución a sus problemas haciendo de la necesidad virtud.Tecnologías y diseños baratos triunfan en sus países de origen y se exportan al primer mundo gracias a su eficiencia y sencillez




Daiub Esteban Odón. Aspecto del sistema facilitador de partos de origen argentino respaldado por la OMS.

A comienzos de la década de 1990, el doctor Therdchai Jivacate comenzó a trabajar en una idea revolucionaria: proporcionar prótesis a los ciudadanos de Tailandia a un precio razonable. Probablemente, la clave de esta historia radica en el concepto “razonable”. ¿Acaso es razonable pedir hasta 20.000 dólares por una pierna ortopédica en un país en el que se ganan 2 dólares al día? Therdchai Jivacate pensó entonces que lo razonable para un campesino tailandés era pagar unos 30 dólares por esa prótesis. Y, gracias a su espíritu innovador, convirtió lo sensato en real. A partir de botellas de yogur bebible, su fundación moldea piernas y pies ortopédicos que hacen la vida más fácil a miles de personas.

Es una solución barata, pero no de baratillo. “Aunque pueda sonar contraintuitivo, la calidad exigida por la gente pobre tiende a ser más alta que la calidad exigida por los ricos“, explica Vijay Govin­darajan, uno de los hombres que mejor conoce este tipo de apuestas por la innovación desde los países en desarrollo. Los habitantes de las zonas rurales de Tailandia no necesitan las prótesis para pasear por las aceras de una gran ciudad occidental, sino para meterse en los arrozales, transportar bienes en bicicleta o subir a los árboles. Por eso, la ortopedia debe ser más duradera, resistente y manejable.

“Se trata de exprimir el paradigma de rendimiento ofreciendo más por menos”, resume Govindarajan, creador del término “innovación inversa” (reverse innovation), que define estos estallidos de ingenio que surgen donde la necesidad aprieta, en países del Sudeste asiático, de África o América Latina, y cuyos logros pueden exportarse hacia el primer mundo. Hoy, mientras algunas de las víctimas del atentado del maratón de Boston sufren todo tipo de penurias para costearse una prótesis, los damnificados por las minas de Laos, Birmania, Malasia o Tailandia cuentan con soluciones que se adaptan tanto a sus piernas como a sus bolsillos.

Govindarajan comenzó a desarrollar este término cuando descubrió que muchos de los sofisticados inventos occidentales no llegaban a los países en vías de desarrollo por su elevado precio y complejo funcionamiento. En los años en los que estuvo al frente de la asesoría de innovación de General Motors, el gigante estadounidense desarrolló unaparato que realiza electrocardiogramas que sólo cuesta 500 dólares, frente a los 10.000 de los que encontramos en hospitales de Europa o EEUU. Además, su sencillo funcionamiento no obliga a que lo use un técnico especializado que también se encargue del mantenimiento. Se desarrolló pensando en las necesidades de India o África, pero se han vendido por millares en 125 países.

Ahora, son los innovadores de las regiones pobres del planeta los que diseñan sus propias soluciones tecnológicas por cuatro perras, perfectamente adaptadas a sus necesidades y exportables al primer mundo gracias a su eficiencia. “Debido a los bajos ingresos per cápita en el mundo en desarrollo, las condiciones son propicias para innovaciones que ofrecen una calidad decente a un precio ultrabajo, es decir, una solución del 50%, a un coste del 5%. Al principio, una solución del 50% es poco atractiva en el mundo rico, pero con el tiempo el rendimiento se eleva hasta que finalmente también le resulta atractivo”, escribe Govindarajan.

Los ejemplos comienzan a desarrollarse como setas tras la lluvia, como sistemas de telemedicina por SMS desarrollados en África que ya se están empezando a estudiar en EEUU por su eficacia y ahorro. En India ya se usan pañales con sencillo chip que diagnostica enfermedades mortales al entrar en contacto con las heces de los bebés. Recientemente, un invento del argentino Jorge Odón para ayudar en los partos que se complican está ganando defensores y todo indica que jubilará para siempre los dañinos fórceps. “El dispositivo Odón, cuyo desarrollo cuenta con el apoyo de la OMS y que en estos momentos se encuentra en la fase de ensayos clínicos, ofrece una solución sencilla y de bajo costo para asistir los partos y proteger a las parturientas cuando se prolonga el parto”,aseguró Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La innovación inversa, que nace entre pobres y deslumbra a ricos, comienza a encontrar su hueco en el mundo gracias al talento para hacer virtud de la falta de resursos. Y uno de los objetivos claves es, obviamente, el cuidado de la salud: es mejor inventar un nuevo método que adaptar uno traído de fuera.

“En general, han tenido más éxito los esfuerzos para diseñar nuevas tecnologías en lugares con escasos recursos que los intentos de adaptar tecnologías existentes eliminando las características más costosas o complejas”, exponían recientemente en la prestigiosa revistaScience las bioingenieras Rebecca Richards-Kortum y Maria Oden. Estas investigadoras de la Universidad Rice de Houston concluyeron, tras pasar un par de semanas en África estudiando sus sistemas sanitarios, que lo mejor es potenciar la innovación en estos países para que den solución a sus problemas.

Yendo un poco más allá del clásico “enseñar a pescar mejor que dar pescado”, Richards-Kortum y Oden diseñaron un programa que proporciona herramientas y conocimientos para la innovación en la salud en entornos de bajos recursos en los que el diseño entra en conflicto con carencias de electricidad y agua potable, escasez de fondos, falta de suministros, ausencia de usuarios capacitados e insuficiencia de políticas de innovación.

Por ejemplo, gracias a un aparato de respiración para la resucitación de recién nacidos, manual, autoinflable y que no necesita energía eléctrica, se ha reducido un 47% la mortandad de neonatos en Tanzania. En colaboración con la Universidad de Malaui, se ha desarrollado un aparato para el tratamiento de problemas respiratorios que cuesta 400 dólares y que proporciona los mismo cuidados que máquinas por las que se pagan hasta 6.000 dólares en EEUU, quince veces más.

Menos costoso pero no menos eficiente: Richards-Kortum y Oden cuentan que tras un año de evaluación clínica de cinco máquinas instaladas en un hospital de Malawi, no falló ninguna de ellas. Normalmente, en estos países se avería el 40% de los aparatos de respiración porque están diseñados para trabajar con flujos estables de corriente eléctrica y no con los picos imprevisibles de suministro que se dan en algunos puntos de África, como es el caso. También para África comienzan a desarrollarse aparatos para detectar la presencia del VIH que están a punto de cumplir con todas las recomendaciones de la OMS: barato (menos de cinco dólares), de fácil uso (que apenas requiere un entrenamiento previo), rápido y robusto (resultados en menos de una hora, sin requisitos especiales de temperatura, para el transporte o el almacenamiento) y que funcione sin necesidad de conectarse a la red eléctrica.



El punto más atractivo de estas tecnologías emergentes es que viajan en el sentido opuesto al habitual y pueden ayudar a hacer más fácil la vida de la gente, no sólo en países pobres, sino en todo el mundo gracias al ingenio que surge cuando falta todo lo demás. La revistaGlobalization and Health acaba de dedicarles un número especial en el que su director, Greg Martin, explicaba: “Estos estudios ilustran un ímpetu y un entusiasmo burbujeante (tanto a nivel individual como nacional) por empujar la salud mundial más allá de los estrechos límites del pensamiento tradicional. Somos conscientes de que hay un amplio movimiento mundial destinado a hacer efectivo el potencial real de los países de bajos y medianos ingresos para que contribuyan a los desafíos de los sistemas de salud de cualquier lugar. Tenemos que aprender, compartir y criticar los resultados emergentes para promover el aprendizaje bidireccional y avanzar con rapidez hacia un flujo de innovación 
verdaderamente global”.

El Hierro se convierte en la primera isla del mundo autosuficiente por energía renovable


La isla canaria de El Hierro se ha convertido en la primera isla de todo el mundo plenamente capaz de autoabastecerse a partir de fuentes de energía renovables, tras la inauguración de la central hidroeléctrica Gorona del Viento en la isla que está declarada en su totalidad Reserva de la Biosfera.Más información sobre:Gorona del Viento El Hierroenergías renovablesislahidroeléctrica


SINC | | 27 junio 2014 13:53






Parque eólico de la isla de El Hierro, Canarias. / Wikipedia.

La Reserva de la Biosfera de El Hierro forma parte de la Red Mundial de Reservas de la Biosfera del Programa Hombre y Biosfera (MaB) de la UNESCO desde el año 2000. Desde hoy, además, se ha convertido en la única isla a escala mundial que es capaz de autoabastecerse cien por cien a partir de energías renovables, gracias a la central hidroeléctrica Gorona del Viento.

El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA), a través del Organismo Autónomo Parques Nacionales, coordina el desarrollo de las funciones del Programa MaB en España, así como el Comité Español del programa, impulsando y coordinando las actividades que constituyen la aportación española a este Programa Internacional en el campo de la conservación del patrimonio natural, del desarrollo sostenible, de la formación y, en particular, la promoción del concepto Reserva de la Biosfera.


La central hidroeólica Gorona del Viento incluye un parque eólico, un grupo de bombeo, una central hidroeléctrica, dos depósitos y una planta desaladora

Las reservas de la biosfera son lugares establecidos por los países y reconocidos por la UNESCO para promover el desarrollo sostenible, basado en los esfuerzos de la comunidad local y con el apoyo de las administraciones, la ciencia y el conocimiento.

Se trata de territorios donde se ensayan modelos innovadores de desarrollo sostenible a escala local, que luego pueden ser replicados a nivel regional e internacional.

En los territorios insulares la energía, junto al agua dulce y los residuos representan algunos de los principales desafíos para conseguir su desarrollo sostenible.

La iniciativa “Gorona del Viento, El Hierro 100% renovable” jugará, a partir de hora, un papel fundamental como ejemplo a escala mundial de las comunidades aisladas para alcanzar la autosuficiencia energética basada en fuentes de energía renovables.

La central hidroeólica Gorona del Viento incluye un parque eólico, un grupo de bombeo, una central hidroeléctrica, dos depósitos y una planta desaladora.

El parque eólico puede suministrar energía eléctrica a la red y, además, alimentar un grupo de bombeo que embalsa agua en un depósito elevado como sistema de almacenamiento energético. De este modo se garantiza el suministro eléctrico y la estabilidad de la red, maximizando el aprovechamiento de los recursos renovables.


Universidad Carlos III: Tecnología para el desarrollo de países empobrecidos

Secadores solares para alimentos, microturbinas hidráulicas, cocinas solares y bombas manuales de agua de bajo coste. Son algunas de las investi­gaciones que se llevan a cabo en el Laboratorio de Tecnologías Apropiadas (LTA) de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) para mejorar la vida cotidiana en los países en vías de desarrollo.


UC3M | 16 abril 2012 09:55





Crédito: UC3M

El laboratorio LTA de la Escuela Politécnica Superior de la UC3M apuesta por el compromiso social. Su objetivo es desarrollar, desde una óptica multidisciplinar, tecnologías apropiadas para países en vías de desarrollo, en áreas como el suministro de agua potable (bombeo, distribución y potabilización) o el acceso a la energía (calenta­miento, cocción y secado, iluminación, generación de energía eléctrica), primando las tecnologías para entornos rurales aislados.

Los responsables del LTA, los profesores Ulpiano Ruiz Rivas y Jorge Martínez Crespo, del departamento de Ingeniería Térmica y de Fluidos y del departamento de Ingeniería Eléctrica, respectivamente, destacan que el Laboratorio “ofrece la oportunidad de formarse o trabajar en este ámbito a los distintos colectivos (estudiantes, PAS, PDI) de la comunidad universitaria”, por lo que esperan involucrar a “miembros de la comunidad que puedan trabajar, con independencia, en proyectos paralelos, como comunicaciones o sistemas informáticos”. Además, proyectan proponer a la UC3M la creación de un curso de experto en los temas en los que trabajan.

En el marco de los proyectos en países empobrecidos, las tecnologías apropiadas se definen como aquellas que en su proceso de diseño y en su implementación sobre el terreno tienen en cuenta las características de la sociedad objetivo. “La tecnología disponible responde de alguna forma a las necesidades o intereses de la sociedad para la que ha sido creada, y las diferencias entre un barrio de Madrid y una zona rural aislada en Chad son eviden­tes”, comentan los investigadores.

Triple finalidad

El laboratorio tiene una triple finalidad: docente, de asistencia técnica, y de investigación y desarrollo. Primero, acerca a los estudiantes a las tecnologías apropiadas de uso común en proyectos de desarrollo. Segundo, ofrece asistencia técnica y proporciona apoyo a ONGs u otros agentes. Por último, permite desarrollar proyectos de investigación centrados en problemas específicos y aplicar mejoras.

El LTA está abierto a toda la comunidad universitaria y en la actualidad están vinculados a sus actividades catorce profesores de la universidad pertenecientes a distintos departamentos. En su espacio se dirigen cerca de 20 proyectos de fin de carrera.

Estos investigadores se mueven en el ámbito de las acciones vinculadas con el compromiso social de la institución académica. “De acuerdo con el código de conducta de las universidades en materia de cooperación al desarrollo nuestra activi­dad es novedosa – señalan los profesores -. No existen acciones similares en la uni­versidad española, que está caracterizada por una escasa participación en acciones de cooperación para el desarro­llo en el ámbito tecnológico”, concluyen.